La sociedad productora de cultura

Álvaro Riva Rey*
24/06/2016 -  Hemos aportado, en los últimos artículos, un poco de materia prima para el debate de la cultura desde un ángulo diferente: las industrias culturales.
No estamos hablando del modelo clásico, tradicional, de la administración pública como proveedora de cultura; estamos hablando de una sociedad productora de cultura.
La cultura como fuente de empleo, inversión y crecimiento económico, todo lo cual redunda en desarrollo y, por ende, mejor calidad de vida para todos.
La cultura no como un artículo suntuario, burgués o como quiera llamársele, que se disfruta según clases sociales, lo que sería cultura como sinónimo de arte o bellas artes. La cultura definida a mitad de camino entre la definición antropológica y tradicional, con una fuerte mezcla de visión económica.
Estamos hablando de “cultura y desarrollo”, una materia que si bien ha sido tratada a nivel nacional, acá en Florida está atrasada años luz.
PRINCIPIOS DEL DESARROLLO
No hay desarrollo sin una economía sana y próspera. Primero está el crecimiento económico, que es crecimiento material, pero éste no es suficiente para asegurarnos el desarrollo social que implica agregarle el concepto de dignidad. Si no genera mejoras condiciones de vida, y condiciones de vida digna, no hay desarrollo.
En materia cultural también hace falta el componente “equidad”, que es la igualdad de oportunidad de acceso a la cultura o a los productos que esta industria genera.
Y en materia de desarrollo la cultura aporta de las dos formas posibles: porque agrega valor en cuanto a lo simbólico (capital humano o social) y porque es fuente de “valor agregado”, en términos de aporte a la economía real.
BASES PARA UN CAMBIO
Pasar de un modelo de gestión cultural consistente en proveer cultura a un modelo de gestión que implique el involucramiento de la sociedad en los procesos de producción cultural no es tarea sencilla.
Hay componentes culturales (es curioso, pero son culturales) que han contribuido a evitar este cambio: la idea del mecenazgo, la visión de que el Estado debe ser el que provea la cultura o los recursos para que ella se realice, están demasiado arraigados y son conservadores.
Hay otras fuentes de financiamiento. De hecho el propio gobierno las ha creado (fondos concursables, fondos culturales, fondos internacionales…), aunque muchas industrias culturales prefieran seguir extendiendo la mano.
EL PROYECTO DE CARNAVAL
En 2014 lanzamos la idea de procurar fondos para las industrias culturales del Carnaval de Florida y fracasamos. Necesitamos que éstas se unieran y crearan una institucionalidad y para esto pusimos infraestructura y recursos humanos.
Postular en el marco de la “ley de mecenazgo” era la idea, buscar financiamiento externo –del sector privado que se beneficia con excepciones tributarias- era el propósito, generar recursos para la base estructural de los conjuntos era el sueño. Si lo hubiéramos logrado, no dependeríamos exclusivamente de los tributos y los contribuyentes.
Ese hubiera sido un ejemplo de “sociedad productora de cultura” y no sólo de “gobierno proveedor”.
BUSCANDO ADEPTOS
Es mucho más frecuente que los floridenses estén dispuestos a buscar financiamiento para emprendimientos editoriales, teatrales o musicales, que para estas industrias culturales con mucha más penetración popular, es decir, más seguidores y más público.
Estamos en procura de gente que crea en estas ideas, gente que crea que hay un tiempo mejor para construir –contra los nostálgicos que se aferran a la idea de que todo tiempo pasado fue mejor- y para crecer, que hay un escenario propicio para este crecimiento.
Allí debe haber empresarios, líderes de industrias culturales, gestores culturales y un campo de la cultura más fuerte, más extendido y más sólido. Gente que crea que Florida puede apelar a estas herramientas para una mejor inserción en el país, en la región y en el mundo.
*Periodista, director de El Heraldo y director de Cultura.