Cúneo y los barrancos del Prado Español

Álvaro Riva Rey*

En setiembre de 1930 José Cúneo llega a Florida con su esposa, Virginia Mattos, para una estadía en la ciudad.
Habían contraído nupcias acá, en Florida, el 27 de agosto de 1921, y Virginia había conseguido que Cúneo llegara a regañadientes, pues había tenido más de una estadía en Melo, donde había descubierto las fortalezas expresivas del paisaje rural.
En busca de esa pintura uruguaya –tras los pasos de Figari que había logrado revertir la tendencia europeizada del arte nacional- también había tenido una estadía en Punta del Este, experiencia frustrante, pues el arista –formado en Italia y Francia- halló allí un remedo de los paisajes europeos, donde los bosques de pinos eran genuinos y estaban allí desde el inicio de los tiempos.
Así es que, sin mucha esperanza, viaja a Florida donde finalmente se vivirá por dos años y encontrará dos de sus búsquedas principales: la imagen del Uruguay y el color, un tema que le obsesionó hasta su muerte, ocurrida en Bonn, Alemania, el 19 de julio de 1977.

CÚNEO EN EL MAVEA
Este jueves a las 19:30 en el Museo de Artes Visuales Ernesto Alexandro (MAVEA), ubicado en el Centro Cultural Florida, se inaugurará una sala que lleva el nombre José Cúneo para honrar al artista y su obra.
El museo creado este año, contiene un espacio en homenaje a Juan Curuchet y ahora, colindante, tendrá otro a José Cúneo. Ambos se encontraron alguna vez en las barrancas del Prado Español para pintar sus ranchos y cuanta Celia Curuchet (Chelita), que cuando ponían un caballete junto a otro para mirar hacia el mismo paisaje, los niños del barrio los rodeaban y entre jaranas, elogiaban a Curuchet porque dibujaba “igualito” y se burlaban de Cúneo porque lo hacía “todo torcido”.
Allí volverán a unir simbólicamente sus caballetes mañana, para dar la cara al público de Florida sensible a la plástica.

FLORIDA MUCHO MÁS
La estada en Florida resultó más que prolífica. José Cúneo se instaló en un rancho que arrendó en Prado Español y allí desarrolló tres de sus principales referentes: los ranchos primero, enseguida las lunas y luego las acuarelas que llamó “del campo uruguayo”.
En la primera década del siglo y luego de recibir formación en Europa, Cúneo se formó en las corrientes clásicas europeas y, rápidamente, se vio atraído por las vanguardias y se sumó al cambio.
Fue vanguardia en Uruguay, inspirado por el cubismo introdujo en Uruguay el planismo, corriente  bien uruguaya que atrajo a los de su tiempo, Carmelo de Arzadun, Humberto Causa, César Pesce Castro, Alfredo de Simone, Domingo Bazzurro, Guillermo Laborde, Melchor Méndez Magariños, Andrés Etchebarne Bidart, Petrona Viera, según narra un ensayo publicado por el Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV).

PINTANDO POR LA DIAGONAL
Ya en Francia, en Cagnes-sur-Mer, Cúneo había descubierto su predilección por las diagonales y sus cuadros tendían al centro, como se observa en los ranchos y lunas pintados en Florida.
Pero logran su  mayor expresividad cuando se cruzan los ranchos con las lunas. En los ranchos, íconos del campo uruguayo de los inicios de la nación, de cuyas ventanas surgen luces tenues y delgados humos, Cúneo recoge la sensación de hombres y animales indefensos en busca de cobijo y abrigo, frente al portento de la naturaleza, representada en esas lunas brillantes, solitarias y frías, que contrastan violentamente con los cielos negros.
Luego de su visita a Florida, Cúneo no volvió a apartarse por tiempos prolongados en busca de esas imágenes que Figari apreció.
“El departamento de Florida es el que primero conocí”. Escribió Figari a Cúneo el 26 de agosto de 1931, cuando Cúneo presentó en Montevideo (en medio de gran alboroto y polémica) el resultado del trabajo realizado en Florida. “Fue allí donde hice mi primera excursión al campo, en Chamizo, estancia de los Caravia. Hace esto más de cincuenta años. Y ¡qué impresión me produjo”.
Por años, hasta en 1954 viviendo en Ámsterdam, Cúneo seguía pintando lunas y ranchos “de memoria” o por los apuntes que aún conservaba.
Capítulo aparte es la seria “Acuarelas del campo uruguayo”, también nacidas en esos tiempos de Florida.

FLORIDA PRESENTE
En el ‘31 Cúneo llegó a Florida con su esposa y único hijo, Rolando, nacido en 1924. Y, como recuerda Pablo Marks, de Galería Latina, fue él quien trajo desde Bonn a Florida las cenizas de su padre para verterlas en los barrancos del Río Santa Lucía Chico, en el barrio Prado Español.
Allí, donde encontró las imágenes, la luz y el color que imprimieron identidad nacional a su obra, allí descasan sus restos para la eternidad.
En las mismas barrancas que compartió con Juan Curuchet Maggi.
Es justo el homenaje y por eso hemos abrazado la idea del diputado José Arocena, autor de la iniciativa, con quien hemos puesto empeño para que Florida tenga, algún día, un Cúneo. Y si es posible una luna o un rancho (obras que hoy cotizan en el mundo muy por encima de los cien mil dólares) mejor.
A Cúneo se lo ubica entre los cuatro grandes: Torres y su escuela constructiva, Figari y su búsqueda de una pintura con identidad nacional, Barradas pintando en España y él. Y esto, en parte, porque alguna vez vivió en un pequeño rancho del barrio Prado Español.

Nota: Parte de la información para este artículo la he extraído de “J. Cúneo” de Raquel Pereda, editado por Galería Latina.

* Director de Cultura.

(Publicado en El Heraldo el 14/08/13)

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