Volvamos a la biblioteca


Álvaro Riva Rey*
¿Puede la Biblioteca Municipal transformarse en un centro de acción social y cultural? Tal vez no como ocurría en la década del 20 del siglo pasado, cuando la vida cultural de los pueblos no tenía muchas ofertas, pero aún tiene un papel importante para jugar.
Al menos así creemos y por eso es que iniciaremos este año un segundo (o tercer) intento para hacer de la principal biblioteca de Florida un centro de acción cultural acorde con sus cometidos.
Hemos remozado y reinaugurado la Sala Héctor René Rubio, a la que hemos dotado de los recursos necesarios para ser un lugar para cursos, seminarios, conferencias e, incluso, sala de exposiciones.
Hemos, además, iniciado un espacio de lectura de diarios, periódicos y revistas en ese mismo lugar, intentando captar públicos interesados en material este material de lectura.
Este año hemos iniciado ya dos proyectos que están corriendo y que esperamos concretar en algunos meses:

RINCÓN DEL CUENTO
En los últimos años hemos adquirido bibliotecas infantiles para repartir entre centros educativos del interior rural. Este año hemos cambiado este proyecto de lectura por uno más ambicioso.
Se trata de la creación de un “Rincón Itinerante del Cuento”, que consiste en una biblioteca completa, con mini teatro de títeres, alfombra y almohadones para recorrer el interior.
El mueble –o biblioteca- ha sido especialmente diseñado por una arquitecta uruguaya que le ha dotado de todo lo necesario para ser itinerante.
Desde la Biblioteca Municipal se gestionará este recurso, que espera a llegar a las escuelas para pasar un tiempo allí, al servicio de los niños.
Junto con ello procuramos armar un equipo de lectura de cuentos para niños, una experiencia que ya iniciamos en 2013 con excelentes resultados.

BIBLIOTECA DE NOVELAS
El segundo proyecto consiste en inaugurar una biblioteca nueva, con novelas de ficción, para los lectores de estos géneros, principalmente de libros del estilo best-seller, nacionales o extranjeros.
Hace décadas que no se invierte en libros y la biblioteca que Florida posee se parece más a una biblioteca museo que a otra cosa.
Una primera compra de libros realizaríamos en 2014, para luego instalar un programa permanente, que permitiera actualizar anualmente el catálogo. Eso dependerá de la demanda, es decir, el éxito o fracaso del programa.
Entre 500 y 1.000 tomos nuevos, al servicio de un sistema de suscriptores, para atender a una población de lectores que ha sido estimada por bibliotecólogos.
Para esto requeriremos espacio y, posiblemente, mobiliario nuevo.

DESCARTE DE LIBROS
Para este proyecto hemos solicitado autorización para descartar entre 1.500 a 2.000 ejemplares, basándonos en la “Resolución sobre políticas de descarte de unidades de bibliotecas del 2º Encuentro Nacional de Bibliotecas Públicas realizado en Salto en agosto de 1997”, que fuera aprobado por el Congreso de Intendentes, según consta en acta del 35º Plenario Nacional del 12 de noviembre de 1998 en la ciudad de Minas (Resolución Nº 6, Ref. VII).
El descarte de libros se hace por malas condiciones físicas, títulos en idiomas que no se ajustan al perfil de la comunidad y títulos duplicados, entre otros.
La intención es eliminar los libros que por razones de higiene pública no pueden mantenerse ni restaurase, y se dará amplia difusión y se exhibirán públicamente, además de quedar a la vista del público por el tiempo que sea necesario, para la eventualidad de que algún vecino quiera “adoptar” alguno.
También se hará con tacto con RePapel, ONG que se dedica a reciclar libros descartados para fabricar papel que luego repartirlo entre centros de enseñanza.
Descartar libros por razones de higiene pública es algo en lo que la biblioteca también está rezagada.

DERECHO DE LA GENTE
“La libertad, la prosperidad y el desarrollo de la sociedad y de los individuos son valores humanos fundamentales. Estos sólo podrán alcanzarse mediante la capacidad de ciudadanos bien informados para ejercer sus derechos democráticos y desempeñar un papel activo en la sociedad. La participación constructiva y la consolidación de la democracia dependen tanto de una educación satisfactoria como de un acceso libre y sin límites al conocimiento, el pensamiento, la cultura y la información.
“La biblioteca pública, puerto local hacia el conocimiento, constituye un requisito básico para el aprendizaje a lo largo de los años, para la toma independiente de decisiones y el progreso cultural del individuo y los grupos sociales”.
Con estos dos párrafos comienza el Manifiesto de UNESCO, redactado en colaboración con la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas (IFLA, por sus siglas en inglés)  en noviembre de 1994.
Por eso es que dedicaremos el 2014 (a 20 años de esa declaratoria) pensando en los derechos culturales de grandes y chicos.
 

*Periodista, director de El Heraldo y director de Cultura.
(Publicado en El Heraldo el 15/01/2014)

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