Festivales y ferias al aire libre


Álvaro Riva Rey*

Los festivales han tenido un constante desarrollo en el mundo entero en los últimos años y Uruguay no ha estado ajeno a este fenómeno cultural, turístico y social.
La Patria Gaucha en Tacuarembó, la Fiesta de la Cerveza en Paysandú, el festival de internacional Jazz en la Calle en Mercedes que ya va para su octava edición, Durazno y su festival de folclore, Minas con su Minas y Abril o San José con la Fiesta del Mate son algunos ejemplos.
En Florida se ha hablado del tema e, incluso, se ha hecho algún intento. Ejemplo de ello es Mundo Gaucho, una fiesta tradicional que se ha realizado un par de veces en la Plaza Asamblea.

UNA FORMA COLECTIVA
Eric Hobsbawm (Un tiempo de rupturas, 2013) analizó el tema y aseguró que “los festivales se han convertido en un firme componente de la industria del ocio y especialmente el turismo cultural, que se expande con rapidez, al menos en las sociedades prósperas del mundo ‘desarrollado’”.
Explica además una particularidad: “Los festivales prosperan sobre todo en las ciudades medianas y pequeñas, incluso en el campo, como algunos de los festivales de música pop de más éxito o el festival operístico de Glimmerglass (en Cooperstown, Nueva York).
Sin embargo advierte algo más: “las iniciativas culturales, en más aún los festivales, requieren cierto espíritu de comunidad, lo que no sólo implica percibir intereses y sensaciones compartidos, sino también la expresión de uno mismo de forma colectiva y pública, algo que, en las dimensiones sobrehumanas de las megalópolis, solo puede darse en circunstancias muy especiales”.

CONFLUENCIA NECESARIA
Vale la pena reparar en estos comentarios, previniendo de quien provienen, y en especial en algo que dice que podría ser una perogrullada: estos festivales, como los más grandes del mundo (y llegamos hasta la Copa del Mundo de FIFA) “apenas se podrían celebrar sin subvenciones públicas o privadas y patrocinios comerciales”.
Quieren decir que además de ser “una forma colectiva”, deberían ser la confluencia de intereses públicos y privados.
Tal vez explique el éxito de la Patria Gaucha (feria a cielo abierto) o el Jazz en la Calle (festival internacional), dos ejemplos de cómo se compromete la sociedad en cada uno de estos acontecimientos.
Sin dudas explica “Todo el Uruguay canta en Durazno”, que ya tiene 40 ediciones, un presupuesto enorme (sólo el Chaqueño Palavecino cuesta 20 mil dólares) y a todas las bancadas de la Junta de Durazno involucradas en la administración, la promoción y el éxito.

MOVIDA TROPICAL A LA VISTA
El pasado fin de semana Florida reunió, en dos días, a una multitud como la que pocas veces se ha visto. La Movida Tropical superó al rock, al Carnaval e incluso a León Gieco y Agarrate Catalina juntos. Es posible que hasta haya superado la peregrinación de San Cono.
Dos días de multitud. El Prado de la Piedra Alta lleno, gente arribando desde pueblos y departamentos vecinos que esparcieron sus autos al llegar y los abordaron a la hora del regreso.
Fue una fiesta en paz, de la familia, disfrutada por muchísima gente que aplaudió, cantó y bailó, además de hacer largas colas para comerse un chorizo o un pancho, hasta agotar el stock de alimentos y bebidas.
Entre 4 y 5 de enero, sin embargo, algunos servicios municipales escasearon, faltaron lugares donde cenar y nadie ofreció hospedajes. Tal vez aun no hagan falta, pero de seguir creciendo al ritmo que lo ha hecho en estas tres primeras ediciones, la Movida Tropical podría llegar a ser uno de esos festivales de los que habla Hobsbawm. Entonces sí requerirá estos servicios.
 
HACE FALTA ALGO MÁS
Para que tal cosa ocurra habrá que pensar en algo más grande: patrocinadores o sponsors, actores privados involucrados, acción de la intendencia a una escala mayor y ese sentimiento colectivo que siempre ha sido tan esquivo para los floridenses.
Dice Hobsbawm que “los nuevos festivales no se caracterizan tanto por la innovación y la ruptura con el pasado, como, sobre todo, por el descubrimiento de forma de comunicación artística en desarrollo, así como por la experiencia estética, con frecuencia gracias a la aparición de nuevos grupos de púbico, organizados por su cuenta”.
La Movida Tropical encaja, perfectamente podría ser uno de estos festivales. Habrá que ver si para los floridenses es “la expresión de uno mismo de forma colectiva y pública” y si hay empresarios y emprendedores dispuestos a unirse.
Por lo pronto los artistas locales han demostrado dar la talla y eso es un comienzo.

 
*Periodista, director de El Heraldo y director de Cultura.

No hay comentarios:

Publicar un comentario